POR ELIZABETH PALACIOS

NO HAY NADA MÁS DISFRUTABLE QUE UNA CARICIA MUSICAL QUE SEA ARMÓNICA CON EL ECO DEL ENTORNO EN QUE LA ESCUCHAS

Abrazo acústico. Hasta ahora yo no había conocido un lugar donde esto se pudiera lograr

Igor Stravinsky, el hombre que tantas veces puso a temblar el cuerpo delicado de Cocó Chanel con sus caricias y con su piano, decía que no es suficiente escuchar la música, que además había que presenciarla.

Hasta ahora yo no había conocido un lugar donde esto se pudiera lograr. Pero al entrar a esta sala con butacas rojas y paredes color madera maple, supe que el compositor ruso tenía más razón de la que yo imaginaba.

Se encuentra al sur de la Ciudad de México, en un lugar escondido detrás de una altísima barda de piedra y un portón eléctrico que cuando se abre se transforma en el umbral de uno de los espacios más espectaculares que se han construido en los últimos años en esta ciudad.

El Centro Cultural Roberto Cantoral (CCRC) te brinda la sensación de un abrazo perfecto, de esos que te envuelven de pies a cabeza y te erizan la piel.  Aquí el  diseño detallado y cuidado es una extensión de  las notas musicales que te envuelven en eso: el mejor abrazo.

Gerardo Broissin es un arquitecto mexicano, joven, pero ampliamente reconocido en la escena internacional. La Sociedad de Autores y Compositores de México (SMAC) le puso en 2007 el mayor reto de su carrera: diseñar el Centro Cultural Roberto Cantoral, una sala de conciertos donde la música pudiera escucharse como en ninguna otra.

Para afrontar tal solicitud, y con la cercanía de  un músico meticuloso como Armando Manzanero vigilando cada detalle del proyecto, y todavía entonces a Roberto Cantoral quien falleció poco tiempo después, Broissin tenía que trabajar en equipo con el mejor diseñador de acústica arquitectónica quien también es mexicano.

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Omar Saad, ganador de la medalla Robert B. Newman por mérito en el estudio de la acústica arquitectónica es el responsable de que en esta sala nada sobre y nada falte. Las 850 personas que pueden disfrutar de un concierto acústico en este lugar tienen la garantía de que escucharán perfectamente cada nota, sin importar el sitio en el que esté su butaca. Podría ser este el recinto musical más democrático del país, pues no importa si compraste los boletos caros o los más baratos, siempre escucharás perfectamente e incluso, si cierras los ojos, podrás identificar en que punto del escenario está colocado cada instrumento. No hay un solo rincón del auditorio donde no se vea bien el escenario donde, por cierto, caben cómodamente 80 músicos.

No en vano las mejores presentaciones de jazz han tenido lugar en este espacio, tal como la de esta noche, cuando tengo el privilegio de escuchar a Taylor Eigsti, el compositor norteamericano de apenas 31 años que ha ganado dos veces el Grammy y hoy desplaza sus dedos sobre las teclas del CFX Gran Concierto que Yamaha donó para este recinto, uno de los 12 que hay de su tipo en todo el mundo.

Desde que abrió sus puertas, en junio de 2012, el escenario de este auditorio oculto detrás de la altísima barda de piedra volcánica que lo protege, ha recibido a las estrellas más destacadas de la escena jazzística mundial, además de que ha sido el espacio para que los compositores y músicos mexicanos presenten sus trabajos e incluso graben sus producciones pues cuenta con uno de los estudios de grabación de mayor avance tecnológico para los miembros de la SACM.

Algo que también se le  agradece a los arquitectos es que la altura de los techos y los plafones está pensada para que el auditorio tenga ventilación natural y el aire acondicionado prácticamente nunca se use. Esto, además de los tragaluces que permiten a los artistas ensayar con luz natural, representa una reducción de 65 toneladas de emisiones de carbono a este recinto que además de ser acústicamente envolvente y ofrecer una experiencia musical inolvidable, también es amigable con el medioambiente, a pesar de la magnitud del edificio.

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INCLUSIVO


El Centro Cultural Roberto Cantoral es uno de los pocos espacios en el DF diseñado para que también puedan asistir personas con discapacidad. Su página web: www.ccrc.com.mx

El despliegue tecnológico no tiene que ver con enormes bocinas o con sofisticados equipos de amplificación. Aquí la música llega a nuestros oídos en forma natural y son más bien los avances tecnológicos en materiales lo que provoca la acústica perfecta.

En la mayoría de los auditorios que existen en México, lo que se hace es instalar material absorbente en todo el espacio y transmitir la música a través del equipo de sonido, pero aquí la prioridad eran los conciertos acústicos de orquesta y piano, donde hay muy poca o nula utilización de equipo de amplificación. El lugar debía proyectar una buena acústica por sí mismo.

Por ello es que cada línea trazada en el diseño arquitectónico tiene un sustento basado en las necesidades reales de sus usuarios: músicos profesionales.

Con su diseño, que le tomó aproximadamente cuatro años concretar, Omar Saad consigue para este auditorio una acústica sin ecos, pero también la llamada “energía lateral”, que es una característica de los mejores auditorios del mundo.

Esto es que el sonido envuelva al espectador.

Mientras escucho el concierto lo compruebo, recibo las notas por todos lados, no sólo desde el frente.

Así que aquí, cada plafón, cada cortina y hasta la madera que cubre los muros en líneas verticales son agradecidas por el espectador, que desde la primera hasta la última fila puede venir aquí para recibir el seductor e irresistible abrazo de las notas musicales.